Marketer, consultor, conferenciante, autor, educador, especialista en negocios y transformación digital, blogger, podcaster, emprendedor y empresario. Isra García es acción. Tener ideas, hacerlas realidad. Hay muchas inteligencias, la de Isra consiste en inventar ideas diferentes, modelarlas luego, y transformarlas finalmente en proyectos de éxito en cambio real, positivo.
Compartimos un fragmento de su nuevo artículo:
Este año ha sido el menos claro de todos hasta la fecha para elegirlas, no ha fluido tan naturalmente como el resto de años. Te confieso de que estoy alegre que así haya sido, lo cual me da la señal que las palabras de foco no importan tanto. Sin embargo, he hecho el ejercicio igualmente y esto es lo que ha salido:
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Generosidad: tengo tiempo, tengo vida, tengo energía, tengo recursos, no ilimitados, pero sí lo suficiente como para seguir prosperando y para apoyar a quien encuentre en el camino para que también prospere. Abrazar la abundancia absoluta para mí es darme al mundo tanto sin esperar que el mundo sé de a mí. Sé que tengo tanto que agradecer. Soy tan rico. Considero que disfruto de tantos privilegios y de tantos regalos que se presentan ante mí casi a cada momento, que solo puedo sentirme afortunado de tener tanto de todo lo que importa: puedo respirar, ver, tocar, escuchar, percibir, tengo la capacidad de moverme y emocionarme. Además, tengo salud, una gran energía vital, consciencia, claridad, algo de intelecto. Hago el trabajo emocional. Tengo la fortuna de contar con más de 50 amigos que darían media vida por mí, una grandiosa familia y la experiencia de haber vivido 39 años como si fueran 113. Y por si fuera poco, todavía me queda tiempo, capacidad para decidir, elegir, razonar, accionar y amar. El universo, el mundo, cualquier persona o ser, es generoso conmigo, lo han sido siempre. Este año, vivo en una abundancia humana más allá de lo material, veo abundancia en mí y en otros y lo voy a aprovechar para maximizar mi impacto y el tuyo.
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Maestría: dedicar mi vida a trabajar en la maestría de vivir. Dedicarme en cuerpo y alma al arte de ser mi propio maestro (aprendiz perpetuo de cinturón blanco, hasta más allá de dejar este mundo). Hablo de practicar el arte de darme cuenta de las cosas (pequeñas sobre todo), el arte de ir más allá de las palabras, el arte del zen, el arte del estoicismo, la artesanía del Alto Rendimiento Holístico y la Ultraproductividad. Todo eso no podría ocurrir en ningún momento que no sea este. La maestría de vivir se resume aquí y ahora, como decía el maestro Dokushô Villalba: «disolver el gran despertar entre las acciones cotidianas», voy a aceptar, abrazar y ser la maestría que el entrenamiento y la autodisciplina como el propio fin me ofrecen a cada instante.
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Centro: no como algo que alcanzar, no como algo que perseguir, «Mushotoku» (sin meta, sin provecho, sin objetivo/objeto). «Yo» soy el centro, cualquier cosa es el centro. Imposible estar en riesgo aunque me sienta inseguro. Imposible salirme del camino aunque me crea fuera de él. Improbable estar desalineado de mi centro incluso aunque lo haya perdido de vista. Todo lo es, el centro es todo lo que veo y no, lo que percibo y no, lo que sé y lo que no. Ser uno pero jugar con la dualidad en la que vivimos, incluso estar a gusto con la idea de que podría ser una ilusión, un engaño y seguir alineado y conectado a mi centro y ser guiado únicamente desde este lugar. Entrenar para que todo se convierta en mi centro, lo cual ya es, pero aprender a darme cuenta de que es así. (…)”
