«No hay recetas mágicas ni pastillas milagrosas que valgan». «La alegría no se puede comprar y no te la puede dar nadie, porque la alegría tiene una puerta que solo puede ser abierta por ti y desde dentro», dice Álex Rovira en su nuevo libro, Alegría, escrito junto a Francesc Miralles. De acuerdo, pintemos de alegría nuestra vida. Pero, ¿cómo lo hacemos? «Un buen punto de partida es reflexionar y agradecer lo que tenemos. Después, debemos recuperar el contacto con la naturaleza, el arte, ver el mar, pasear. Además es necesario rescatar el ejercicio del afecto, el fomento de la ilusión y otro punto esencial es el deseo de aprender». ¡Ojo! Que tampoco hay que pasarse el día dando saltos de alegría: «No hay que estar todo el día alegre. Sería una estupidez. Hay que sentir y expresar las emociones de acuerdo a lo que nos sucede. Pero incluso en momentos tristes y difíciles hay destellos bonitos, reconfortantes y eso es lo que nos impulsa a seguir adelante».

 

 

Álex Rovira. Alegria BCC Conferenciantes

 

 

Regresas con un nuevo libro, «Alegría», escrito junto a Francesc Miralles. ¿Es un libro «buen rollista»?

-Es una invitación a la alegría, pero no niega la tristeza ni las demás emociones. Queremos que a los lectores que se acerquen al libro, se les dibuje una sonrisa a medida que vayan pasando páginas. Además, es un libro práctico que anima al lector a reflexionar, a cambiar de actitud a través de diversos ejercicios. Es una especie de rehabilitación, un entrenamiento para despertar la alegría.

-¿Por qué te has lanzado a escribir un libro sobre esta emoción?

-La alegría es más que una emoción, forma parte de la esencia del ser humano. Siempre está ahí, como un secreto abierto, tan obvia que la obviamos, tan evidente que no la vemos. Pero los años y las vivencias hacen que la perdamos. Está tapada por preocupaciones, prejuicios, miedos, complejos, deseos innecesarios y vanidad. Pero lo importante es que se puede recuperar.

Hay momentos en que, por mucho que busquemos, es difícil encontrar la alegría. ¿No te parece?

-Cierto. En esos momentos, en que aparentemente todo a nuestro alrededor es oscuro, la clave es crear las circunstancias para que surja la alegría. De la misma forma que una flor no surge espontáneamente, sino que hay que plantar una semilla, regarla y cuidarla día a día. Hay que lanzarse a la piscina, comprometerse e implicarse para despertar la alegría.

-Vayamos a lo práctico. ¿Cómo podemos hacer que aflore la alegría en nuestra vida?

-Esa alegría que tenemos dormida podemos despertarla, invitarla a que aflore, mediante una serie de actitudes: reflexionar y agradecer lo que tenemos. Lo que damos por asumido es extraordinario para millones de personas del planeta. Recuperar el contacto con lo esencial: la naturaleza, el arte, ver el mar, pasear. Rescatar el ejercicio del afecto, de la ternura, de la complicidad, de la amistad, recuperar el erotismo, el fomento de la ilusión. Todo aquello que nos recuerde que estamos vivos. Y aprender. Mantener la actividad intelectual es una fuente de alegría, además de que abre ventanas al mundo.

-Un pesimista te diría: ¿Qué sentido tiene estar todo el día alegre?

-¡Claro que no hay que estar todo el día alegre! Sería una estupidez. Hay que sentir y expresar las emociones de acuerdo a lo que nos sucede en el día a día. A lo largo de estos cinco años en los que he estado sin publicar, he vivido la pérdida de algunos buenos amigos y eso me ha afectado mucho. Y es necesario vivir el duelo. Sentir y expresar esa tristeza que nos embarga. Pero incluso en momentos tan tristes y difíciles hay destellos bonitos, reconfortantes, y eso es lo que nos impulsa a seguir adelante.

-¿Afrontamos los golpes de la vida de otra forma gracias a la alegría? ¿La alegría nos hace más fuertes?

-Nos da más capacidad ante la adversidad. Más que hacernos fuertes, que eso sería la resiliencia, nos hace amar la vida, ver, sentir todo aquello que nos reconforta, nos saca una sonrisa y nos hace sentir bien.

-Al final del libro, nos propones «eliminar las piedras del zapato» para poder avanzar en la vida, porque de lo contrario pueden convertirse en problemas emocionales que nos bloquean y nos asfixian.

-La actitud del «dejarlo pasar», y aquello de «ya se resolverá con el tiempo», es un error. Una vez suprimido aquello que nos hiere es necesario sembrar a diario las oportunidades de crear experiencias nuevas para que cuando florezcan esas oportunidades, seamos capaces de ver la ventana abierta hacia un nuevo horizonte.