Alejandro Melamed analiza una de las caras menos visibles del liderazgo: los llamados derailers o descarriladores, comportamientos que pueden arruinar carreras prometedoras y deteriorar equipos incluso en perfiles de alto rendimiento. A diferencia de las debilidades técnicas, los derailers suelen ser puntos ciegos que aparecen bajo presión y que no se compensan con talento ni resultados.
El autor explica que muchas veces estos comportamientos nacen como fortalezas: la seguridad se convierte en arrogancia, el perfeccionismo en control excesivo o la ambición en impulsividad. Cuando estas cualidades se exageran o se aplican sin conciencia, pasan de impulsar el crecimiento a bloquearlo. Diversos estudios señalan que más de la mitad de los líderes fracasan no por falta de capacidades, sino por no identificar ni gestionar estos patrones a tiempo.
Melamed destaca que los descarriladores afectan directamente a la confianza, al clima emocional y a la eficacia de los equipos, dejando una huella duradera en la reputación de quien lidera. Por eso, insiste en la importancia del autoconocimiento, la escucha activa y el feedback honesto, apoyados en herramientas como las evaluaciones 360º.
Lejos de ser una condena, reconocer los derailers es una oportunidad de desarrollo. El liderazgo sostenible no consiste en no tener sombras, sino en saber mirarlas de frente, regularlas y evolucionar hacia un modelo más humano, consciente y responsable.
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