
Joseph E. Stiglitz analiza la evolución del modelo económico estadounidense y advierte sobre los riesgos de una creciente concentración de poder político y empresarial. El economista sostiene que determinadas decisiones recientes están alejando a Estados Unidos de los principios tradicionales de una economía de mercado basada en reglas claras, transparencia e igualdad de oportunidades.
Según Stiglitz, el Estado tiene un papel legítimo a la hora de impulsar sectores estratégicos o establecer regulaciones que protejan el interés general, especialmente en ámbitos como la inteligencia artificial. Sin embargo, insiste en que estas intervenciones deben realizarse mediante instituciones independientes, procedimientos transparentes y criterios objetivos, evitando cualquier tipo de favoritismo hacia determinadas empresas o intereses particulares.
El premio Nobel también alerta de que la creciente relación entre poder político y grandes compañías tecnológicas puede distorsionar la competencia, reducir la innovación y debilitar la confianza en las instituciones. En su opinión, cuando las decisiones económicas dejan de responder a reglas estables y dependen de relaciones de influencia, se resienten tanto la eficiencia del mercado como la calidad democrática.
Para Stiglitz, la prosperidad a largo plazo no depende únicamente del crecimiento económico, sino de la fortaleza institucional, el respeto al Estado de derecho y la existencia de un entorno competitivo que favorezca la innovación, la inversión y el desarrollo económico sostenible.