César Bona, publicaba a finales de este mes de agosto un nuevo post en su perfil de Facebook en el que compartía su punto de vista sobre la decisión de que los niños volviesen a las escuelas.
En esta nueva entrada, compartimos la publicación del speaker:
«Están en juego el derecho de niños y niñas a la educación y su derecho a la salud. Por mucho que miremos el mundo desde la adultez, la infancia requiere toda nuestra atención. Nadie duda de que hay que tomar medidas extraordinarias para que ambos derechos se cumplan, y que las administraciones han de dotar a docentes y familias de todos los recursos necesarios para garantizarlo.
No soy experto, pero la lógica me lleva a preguntarme que si en sociedad el máximo de personas que pueden reunirse es 10 y en espacios abiertos preferiblemente, ¿qué hace especial a la educación o a los niños para que estén 25 o 30 en un espacio cerrado? Que no se tome en serio la educación de los niños es grave. Que no se tome en serio su salud es imperdonable.
Que tenemos que estar todos unidos ante lo que se avecina, creo que está claro. Que la unión docentes-familias es más importante que nunca, también. Aunque parezca de perogrullo, el interés, el deseo, el fin, el objetivo de cualquier docente es ayudar a las familias a educar a sus hijos. Por eso, titulares como “Los profesores boicotean en Madrid el inicio de curso”, que salió hace uno o dos días, son una vergüenza: es un ataque muy dañino y una muestra de la gran desinformación que existe al hablar de educación y de cómo se pisotea uno de los pilares sobre los que se sustenta la sociedad. Y lo peor, abre grietas donde no debería haberlas, hoy menos que nunca.
Los docentes quieren volver a la escuela, porque saben que su trabajo es fundamental y que cada día que pasa no vuelve, también en educación. Quieren volver, porque saben que la escuela es el lugar en donde todos tienen las mismas oportunidades, donde se puede dibujar un futuro con esperanza. Lo que se pide, de puro sentido común, es que esa vuelta garantice la salud para todos los que componen la comunidad educativa.
Está muy reciente la experiencia que hemos vivido en el mundo educativo en el contexto de la pandemia: equipos directivos, docentes y familias hicieron grandes esfuerzos para mantener la actividad a pesar del caos reinante en todos los estamentos de la sociedad. Con mayor o menor acierto y casi siempre improvisando, cada uno puso de su parte para seguir adelante. He mantenido cientos de conversaciones con docentes que recurrían a soluciones inverosímiles (y de fabricación propia en muchos casos) para tratar de llegar a cada niño; he charlado con familias que tenían que hacer malabares para compaginar situaciones personales con la falta de recursos. Ambos, docentes y familias, desbordados emocional y logísticamente por la situación.
Se alertó de que no podríamos volver a pasar por eso. Pero, curioso mundo este, cuando se toman decisiones sobre educación a quienes menos se escucha es, precisamente, a los que más entienden de ella: docentes, familias, niños y adolescentes. Ahora, meses después, el riesgo de infección es el mismo, y llega el momento de tomar decisiones porque en 15 días millones de niños volverán a las aulas.
A la educación no se le da importancia cuando se trata de tomar decisiones, porque es una inversión a largo plazo, porque los resultados no se ven instantáneamente, aparecen en el futuro. Pero el futuro, hablando de niños y niñas, empieza hoy.
¿Que estamos de acuerdo en que el Ministerio y las Comunidades se reúnen tarde? Sí, sin duda. La infancia no suele ser prioridad en el mundo de la política. Pero como siempre hay que mirar hacia adelante, conviene hacerlo unidos, porque el camino se hace mejor cuando caminamos juntos. Así que si hemos de pedir algo, seamos uno y seamos contundentes, pero siempre con la flexibilidad necesaria que nos permita avanzar en estas circunstancias.
Si no siempre se puede desdoblar el espacio, sí se puede desdoblar el tiempo. Es cierto que ya se barajan diferentes opciones: que vengan en grupos de mañana y tarde, que vengan en días alternos… Lo que sí es fundamental es que haya una inversión urgente, extraordinaria (como lo es la situación): Si hace falta doblar el número de docentes por unos meses, que se doble. Si hace falta más personal de limpieza, más personal de comedor, más auxiliares, la economía debe respaldar a la educación. El gobierno, o por extensión todas las personas que nos están representando más allá de los colores que vistan, tienen la oportunidad (debería decir la obligación) de demostrar que la educación les importa, que los niños les importan, más allá de los 30 segundos que les dedicaron en el último debate electoral.
Además de inversión, necesitamos protocolos muy claros y comunes, no solo para los centros educativos sino para toda la comunidad, y muy especialmente para las familias: protocolos para prevenir y protocolos en caso de contagio. Necesitamos recursos humanos y materiales. Necesitamos revisar el currículo y quedarnos con lo que sí es esencial e importante para ellos. O establecer un canal de comunicación entre sanitarios y docentes: para saber qué hacer y cómo hacerlo y que nos ayuden de cerca.
Si algo está dejando claro la pandemia es que todo es un ecosistema y un pequeño movimiento en una de sus partes afecta a todo. Cualquier medida, sí o sí, debe ir acompañada de un plan de conciliación familia-escuela. Las familias no pueden quedar desprotegidas en sus trabajos.
He oído esta mañana a Isabel, Directora de una escuela de Castilla-La Mancha: “No podemos fallar en esto”, decía. Estoy con Isabel en el sentimiento que compartimos, porque así sentimos los docentes, pero no podemos echar el peso de toda la responsabilidad en las espaldas de los maestros, porque sabemos muchas cosas, pero para esto necesitamos ayuda.
Y como sé que esto no lo van a leer arriba, al menos dejadme compartir el mensaje que hemos de llevar siempre con nosotros. Dijo Concepción Arenal: “Las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican”. Más allá de titulares desafortunados o de luchas absurdas, recordad que es juntos como hemos de permanecer. El objetivo que tenemos es el mismo, y para conseguirlo vamos a dar lo mejor de nosotros.”
