El panorama geopolítico actual es especialmente complejo y volátil, con un número récord de conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial. La rivalidad entre potencias, especialmente entre Estados Unidos y China, está redefiniendo el orden internacional, que se fragmenta y vuelve menos cooperativo. Aunque una guerra directa entre ambos no es inminente, el aumento de la desconfianza y del gasto militar global refleja un clima de creciente tensión.

La situación interna de EE. UU., marcada por la polarización política, afecta su política exterior, lo que genera incertidumbre adicional. En 2025, varios conflictos clave dominan la escena: el conflicto en Ucrania continúa sin resolución, mientras la OTAN refuerza su apoyo frente a Rusia; en Oriente Medio, la caída de Assad altera el equilibrio regional y eleva el riesgo de enfrentamientos ligados a Irán e Israel; Taiwán enfrenta crecientes presiones militares chinas, mientras la inestabilidad en Corea del Sur se suma al aumento de tensiones con Corea del Norte.

En este contexto, la OTAN ha decidido aumentar su gasto militar al 5% del PIB hasta 2035, en un esfuerzo por fortalecer su capacidad defensiva. Sin embargo, la unidad interna enfrenta retos políticos, especialmente por las posturas divergentes de algunos países miembros.