Hoy, Día Internacional de la Felicidad, compartimos el resumen de un artículo de Andrés Pascual publicado en EL ESPAÑOL, donde destaca la relación entre el bienestar de los empleados y la rentabilidad empresarial.
La felicidad no es un destino, sino un estado que puede entrenarse a través de hábitos como la gratitud, la meditación y el altruismo. En el ámbito laboral, las empresas tienen la responsabilidad de crear un entorno que favorezca el bienestar físico, emocional y social de sus equipos. Más allá de iniciativas superficiales, una estrategia de felicidad organizacional bien diseñada reduce el absentismo, aumenta la fidelización y potencia la productividad.
El concepto de Felicidad Nacional Bruta, promovido por Bután, demuestra que el bienestar no es una utopía, sino un factor medible que incluye riqueza material, salud mental y propósito. De la misma manera, en el ámbito corporativo, invertir en felicidad implica fomentar un liderazgo consciente, mejorar la comunicación y gestionar el estrés de forma efectiva.
No se trata de ofrecer beneficios genéricos como yoga o gimnasios gratuitos, sino de entender las necesidades reales de cada equipo. Como señala Pascual, crear felicidad es crear abundancia, y las empresas que lo incorporan en su cultura cosechan tanto éxito como bienestar.