David Pastor Vico reflexiona sobre la crisis ética actual, marcada por un creciente individualismo que, lejos de fortalecer la libertad, está debilitando las bases de la convivencia. Según el filósofo, la ética no es un conjunto de normas abstractas, sino la forma en que nos relacionamos con los demás. Por eso, cuando la moral se centra únicamente en el individuo y no en lo colectivo, pierde su sentido y se convierte en una “antimoral”.
Vico señala que vivimos en una paradoja: nunca hemos tenido tanta libertad para opinar, pero cada vez cuesta más construir espacios de diálogo reales. Se exige ser escuchado, pero no siempre se está dispuesto a escuchar. Esto genera una erosión del espacio común y de las estructuras que garantizan la convivencia.
También advierte de que dar por sentados los logros sociales —como derechos o instituciones— puede llevar a su deterioro. Cuando se abandona el cuidado de lo compartido, surgen dinámicas de desconfianza y desequilibrio.
Frente a esto, propone recuperar la comunidad desde lo cotidiano: fomentar relaciones reales, educación en el pensamiento crítico y experiencias compartidas. En su visión, la libertad no es hacer lo que uno quiere, sino tener capacidad de elegir, algo que depende directamente del conocimiento y del vínculo con los demás.