Agustín Peralt, Doctor en Administración y Dirección de Empresas, MBA por Esade, mentor de directivos, profesor universitario y conferenciante. Tras más de 15 años de experiencia directiva en multinacionales (Danone, Hasbro) y empresas familiares con vocación internacional, llevó a cabo una reinvención profesional hacia el área de la formación. Creador del Método FASE logra en un tiempo récord que mejore la gestión de su
tiempo, incremente la eficiencia en tu trabajo y avance hacia el autoliderazgo disfrutando
de un estilo de vida más satisfactorio.
El mundo es realmente de las personas que se adaptan…
Sí. Yo no pensaba que iba a ser capaz de adaptarme después de todo lo que viví. Con prudencia, trasmito el mensaje de que las personas no tienen que tener miedo a tomar decisiones cuando las cosas no van bien (en un trabajo, en su
casa), porque si no, vivimos con un deterioro progresivo y silencioso.
Todo lo negativo hizo que se superara y creara el método FASE.
Eso de que no hay mal que por bien no venga, en su caso está más que demostrado. Sí. Y luego todo está conectado. Al final, todos los esfuerzos cognitivos que hacemos en la vida salen por un sitio o por otro.
Lo que en la mente aparece muy revuelto y pesa mucho, cuando tú coges un papel y un boli o lo registras tecnológicamente, ya no pesa tanto. No hay que retener las ideas en la mente. Esta no está para memorizar,sino para tomar decisiones. Y tampoco hay que confundir las listas de tareas pendientes con lo que es realmente importante.
F (foco). Cómo jerarquizar y dedicar el tiempo a lo realmente importante y ver si hay cosa s que podemos delegar o subcontratar.
A: trabajar con atención plena, centrándote en una única tarea.
E: no gestionamos tiempo, sino energía, y esto es muy importante. Las personas que cuidan la energía física, emocional y cognitiva son más productivas.
S (sistematizar). Todo esto tenemos que ser capaces de volcarlo en una serie de hábitos: uno mensual, donde me pongo por escrito lo prioritario; uno semanal, donde planifico la semana los viernes por la tarde, y uno diario, donde ataque este tema de manera autónoma.
Trabajar desde casa también requiere disciplina.
Sí, y tener una sistemática muy reglada. Las fórmulas de flex work están implantándose en Madrid y Barcelona y ese día que se elige también es necesario salir a pasear por el campo y que te dé algo el sol, eso regenera la energía y mejora la productividad de una persona en la siguiente semana. Ese día, como ahorras tiempo de traslados, lo puedes dedicar a ese tipo de cosas, como una comida con amigos o con familia. Eso sí, no hay que caer en la idea de trabajar en pijama y en zapatillas.
Todos decimos que al día le faltan horas, pero dice que nos sobran distracciones. No me negará que algunas son inevitables.
Por ejemplo, los periodistas tenéis unas conexiones neuronales, provocadas por vuestra profesión, que otros no tenemos. Sois capaces de recuperar la atención plena en milésimas de segundo. Además, ya nadie trabaja en períodos
de autonomía de una hora. Ahí lo intentamos, pero cada 2, 3, 4 minutos miramos el WhatsApp, miramos un mail, hablamos con el de en frente y lo que uno tiene que hacer es intentar limitar las posibilidades de que lo interrumpan.
Uno tiene que tener siempre un santuario, una zona en casa o en el trabajo en donde sabe que la probabilidad de que lo interrumpan es menor o que ponga mecanismos para que la gente entienda que está concentrado. No es sencillo,
pero es posible.
Luego están los malos hábitos y los robatiempos.
Atacándolos ganaremos entre un 20 y 25 % de tiempo a la semana. Es necesario dedicar la mejor hora del día a temas realmente importantes.
Habla de las cuatro ‘h’ que mejoran la productividad.
Si fueras clienta mía yo te preguntaría para qué te gustaría tener algo más de tiempo. Y tú me dirías: para mi familia, para sacarme el doctorado, para tener más tiempo para mis hobbies… Esta es la h de hambre, necesito una motivación,
porque en un proceso de transformación de tu programa de trabajo, te voy a pedir algo de disciplina inicial, y yo quiero que recuerdes cuál es el premio y lo tengas visible. Lo segundo es la honestidad con uno mismo, porque aquí es
muy fácil caer en las excusas y la autojustificación.
La tercera, la humildad. Esto requiere que una persona pruebe otra forma de trabajar y se convenza de que es mejor que la suya.
La cuarta, la más importante: hacer. Si tú no haces lo que te estoy contando o lo que lees en el libro, difícilmente vas a lograr nada. Somos lo que acabamos haciendo.
Aprender a decir no. No queremos desagradar, pero cuando decimos sí, pensamos que podemos.
Nos convencemos de que podemos. Uno tiene que poner límites y tiene que explicarlo. Cuando a un jefe le tienes que decir no, díselo explicándole el coste de oportunidad de otra cosa que vas a dejar de hacer por decirle que sí.
Y cuando el no no es a un jefe, deben proponerse alternativas.
Sostiene que “el que quiera conciliar se lo tiene que ganar”.
Si no queremos hacer un informe después de cenar, hay que ser productivo durante el día para poder sacarlo. La productividad profesional está íntimamente ligada a la conciliación con la vida personal.
Parece que hoy el que no es multitarea no es nadie. Además, dices que no es cosa de humanos.
Cuando uno cree que está haciendo multitarea no es verdad. Tú estás haciendo una cosa, desconectas décimas de segundo o minutos, vuelves a hacer otra, recuperas la anterior a los diez minutos o a los diez segundos, entonces no existe la multitarea. Solo existe cuando uno de los dos comportamientos es mecánico, como hablar ahora contigo mientras ando. Por eso si hablo contigo y miro el mail, hay un momento en que desconecto.
Aquí nadie nos ha enseñado una metodología de gestión del tiempo o del correo electrónico.
¿Y el mal uso que hacemos de la tecnología?
Las tablets en la cama y Netflix influyen en la calidad del sueño. Somos adictos a la dopamina que nos dan las novedades, a navegar sin ningún claro objetivo. La tecnología, si uno la quiere controlar, se tiene que aislar de ella.
Reuniones interminables= “hoy no he hecho nada”.
¿Sabes qué hacemos en España? No decimos nada durante la reunión, luego salimos y en el pasillo le decimos a un compañero: ‘No soporto estas reuniones’. Criticamos,
nos vamos a tomar un café y no hacemos nada. Tenemos que hablar con más claridad cuando la reunión no funciona, porque al final son un tema de desmotivación enorme en las organizaciones. No hay nada que a la gente le produzca
más insatisfacción que ir a reuniones interminables que no le han servido para nada.