Andrés Oppenheimer analiza la operación militar llevada a cabo por Estados Unidos en Venezuela que culminó con la captura de Nicolás Maduro, destacando el contraste entre la eficacia de la intervención y la incertidumbre sobre la estrategia política posterior. La acción militar se desarrolló de forma rápida y con un número limitado de víctimas, lo que llevó a muchos observadores a considerarla un éxito operativo desde el punto de vista táctico.
Sin embargo, el foco del análisis se desplaza hacia el escenario posterior a la captura de Maduro. Oppenheimer señala que no quedó claro si existía un acuerdo previo con Delcy Rodríguez, quien asumió un rol central tras los hechos, ni cuál sería el modelo de gobernanza que Estados Unidos pretende impulsar en Venezuela. A pesar de declaraciones iniciales desde Washington sobre una posible cooperación, las primeras reacciones públicas desde Caracas mostraron mensajes contradictorios.
El artículo subraya que las estructuras de poder del régimen —incluidas las fuerzas armadas, los cuerpos de seguridad y los medios estatales— permanecen intactas, lo que limita la capacidad de generar cambios inmediatos. Asimismo, se menciona que una intervención militar de mayor escala implicaría costes políticos y humanos elevados, además de un apoyo limitado dentro de Estados Unidos.
Oppenheimer concluye que la ausencia de una hoja de ruta explícita hacia la restauración democrática genera interrogantes sobre el rumbo político del país y el alcance real de la operación más allá del plano militar.