Sin tradición familiar que le inculcara interés alguno por la economía, Emilio Ontiveros (Ciudad Real, 1948) la eligió entre todas las opciones universitarias «porque era una forma racional de aproximarse al estudio de la realidad, que, entonces, tenía pretensiones de cambiar». Con su elección acertó de pleno. Considerado uno de los economistas más influyentes de España, fue catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid antes de cumplir los 40 y, desde hace 20, preside Analistas Financieros Internacionales (AFI), donde trabajan 120 economistas y matemáticos.
¿Cuál fue su primer empleo renumerado?Un trabajo en una empresa constructora de mi ciudad natal en el verano del preuniversitario. Hacía tareas de auxiliar administrativo, pero fue una experiencia muy efímera. El primer trabajo remunerado que me dio para sobrevivir, porque me concedió autonomía, llegó cuando estaba estudiando en Madrid. Daba clases en una escuela de formación superior de secretariado. Enseñaba economía, contabilidad, historia económica… Y fue una experiencia muy reveladora de lo que haría muchos años después. Pasé tres años en aquella escuela.¿A cuánto ascendió ese primer sueldo como profesor?Ufff… Hace 40 años de eso. Creo que cobraba unas cuatro mil pesetas al mes, pero no trabajaba ocho horas. Me daba para vivir sin lujos en Madrid y me permitía, además, no sacrificar excesivamente mis estudios.¿Qué recuerdos conserva de esa experiencia?Sobre todo, la gran motivación que tenía para prepararme las clases y para hacerme entender. El empeño que todavía pongo en que me entiendan deriva de aquel trabajo. Fue determinante para articular mi capacidad pedagógica. Conservo, además, buenos recuerdos de los profesores y del propio centro, por su tolerancia para impartir una formación muy amplia.Una vez terminada la carrera, se colocó en Dragados y Construcciones.Sí, en ese tiempo Dragados era la principal constructora de obra civil y empezaba a extenderse fuera de España. Y necesitaban gente con formación económica para ayudar en obras internacionales, que estaban en Turquía, Argelia…
Pese a sus escarceos con la empresa privada, ¿siempre prevaleció su vocación por la enseñanza?Sí, la enseñanza es mi vocación central, y yo creo que todo lo que he hecho desde Dragados hasta aquí tiene que ver con ella. De AFI suelo decir que el talante que preside la empresa tiene mucho que ver con el de las universidades americanas; es como un departamento universitario con cuenta de ganancias y de pérdidas.
¿Cambiaría algo de su carrera si pudiera? ¿De qué se arrepiente?Quizá de no haber dedicado más tiempo a la investigación fuera de España. Pero si lo hubiera hecho, a lo mejor habría tenido que renunciar a una trayectoria profesional atípica como la mía: primero la empresa privada, luego la universidad y, después, una vuelta a la empresa privada que compagino con la universidad.
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