
Enrique Dans vuelve a poner el foco en uno de los debates más relevantes del momento: la velocidad con la que la inteligencia artificial (IA) se desarrolla frente a la capacidad real de la sociedad para asimilarla. A raíz de artículos publicados recientemente en medios internacionales como The Washington Post, Bloomberg y Financial Times, el experto analiza el momento actual de la IA desde una perspectiva crítica, pero realista.
Uno de los puntos clave que destaca es que, aunque la tecnología sigue avanzando a gran velocidad, su integración en el día a día de empresas, profesionales y ciudadanos avanza mucho más lentamente. Dans lo compara con una “guerra de broma”, en la que se intuye un cambio profundo, pero aún no se percibe del todo. Las barreras culturales, la falta de comprensión generalizada y la inercia de muchas organizaciones están ralentizando una transformación que ya está en marcha.
El impacto en el empleo es ya una realidad. Profesiones como la enseñanza, la enfermería o la analítica financiera están siendo transformadas por herramientas de IA que aumentan la personalización y la eficiencia. Sin embargo, estas transformaciones siguen siendo parciales, y no se traduce aún en reemplazo masivo de funciones humanas.
Uno de los fenómenos que más preocupan es la llamada “adopción en la sombra” o shadow AI. Muchos trabajadores están utilizando herramientas como ChatGPT sin autorización expresa de sus empresas, ante la ausencia de políticas claras y el miedo a posibles sanciones. Esto abre la puerta a riesgos como el mal uso de datos o una excesiva dependencia de sistemas aún imperfectos.
En el horizonte más cercano, la automatización llegará también a sectores tradicionalmente menos expuestos, como los empleos manuales y operativos. Esto implicará retos para perfiles profesionales que cuentan con menos protección ante la transformación digital.
Dans insiste en que la tecnología no es el problema. El verdadero reto es social y cultural. Sin una estrategia clara que incluya educación desde etapas tempranas, políticas éticas de adopción tecnológica y una cultura de adaptación constante, es muy difícil que podamos aprovechar el potencial de la inteligencia artificial sin asumir grandes riesgos.