Nuevo artículo de nuestro speaker Fernando Trías de Bes, publicado en Expansión:
«El premio Nobel de Economía John Nash es uno de los economistas más conocidos por el gran público gracias a la gran película Una mente maravillosa. Nash descubrió que una determinada e inadecuada asignación de incentivos conduce a los agentes económicos a decisiones individuales que perjudican al conjunto y, a la postre, a ellos mismos.
El célebre dilema del prisionero: pudiendo mantener silencio y cumplir sólo dos años de prisión, traiciono al otro prisionero. Lo acuso por si él me acusa a mí. De este modo, me evito la pena mayor, si bien renuncio a la pena menor. Todos salen perdiendo por miedo a ser el que más pierda. Es paradójico: hay una opción mejor para todos, pero no se alcanza. Ese es el llamado «Equilibrio de Nash». Un sub-óptimo.
La economía post-Covid-19 se aboca irremediablemente hacia un Equilibrio de Nash. Cada agente económico buscará su mejor opción y, entre todos, prolongaremos la recesión. Ejemplo: una automovilística puede mantener personal o despedir. Ante el negro panorama, planea despedir. Los ciudadanos pueden cambiar de coche o retrasar la decisión. Por miedo, esperarán. Resultado: caída de la demanda y despidos. Recesión larga y estructural.
Ahora bien, si les preguntásemos, ¿qué responderían? La empresa, mantener su nivel de producción; y los ciudadanos, cambiar de coche. Pero si esta información no se comparte y no se modifican sus incentivos, no hay nada que hacer. Cada parte tomará una opción que es mala para todos, porque piensa que el otro no va a variar su decisión.
Deshacer esta premisa es posible. «Si yo sé que tú vas a consumir, yo no voy a despedir». «Si yo sé que tú vas a producir y contratar, yo también voy a seguir invirtiendo y consumiendo». Precisamos una orquestación de los agentes económicos y una contundente y veloz inyección de liquidez. (…)»
