Patricia Ramírez es escritora, conferenciante, divulgadora en distintos medios de comunicación (Marca, TVE, Sportlife, El País Semanal) y formadora de la Real Federación española de Fútbol, de la Federación española de Balonmano y de la Federación española de Baloncesto.
A continuación compartimos un fragmento de un nuevo artículo en el que la speaker comparte su visión sobre la existencia de la buena suerte:
«Nos encanta tener el pensamiento mágico de que con lo nuevo también llegan las buenas noticias y la buena suerte. El cambio de año nos parece el pistoletazo de salida para que todo cambie, desde nuestros hábitos de vida saludables hasta la suerte. La buena, todo sea dicho. La suerte necesita adjetivarse para saber de qué lado está, buena o mala.
El pensamiento mágico, los rituales, las supersticiones nos llevan a la falsa idea de que ellos, por sí solos, pueden cambiar nuestra buenaventura. Pero no son más que imaginaciones, falacias, falsas esperanzas. Sí, siento aguaros la fiesta. Pero ni la herradura, ni el trébol, ni ponerte ropa interior roja, ni meter un anillo en la copa de champán, ni tocar madera o tu cabeza en su ausencia, harán que cambie tu suerte. Ojalá fuera algo tan sencillo.
Si fuéramos mas científicos, buscaríamos en internet la historia que subyace a estas falsas creencias que condicionan la vida de muchas personas. Por ejemplo, se supone que tocar madera nos trae suerte porque simboliza la cruz de Cristo y su protección. Pero, ¿cuántos agnósticos y ateos hay tocando madera? Muchísimos. Si de verdad conociéramos el origen de muchos de estos rituales, igual dejaríamos de realizarlos.
Nos gustan las creencias sencillas. Solemos ser más crédulos con ellas. Cuando nos lo ponen fácil y nos facilitan la asimilación de la idea, solemos darle más credibilidad. Y esto es lo que ocurre con todo este tipo de manías y supersticiones. Amén de que es “maravillosamente mágico” que sólo el hecho de encontrar un trébol de cuatro hojas pueda hacer que me vaya bien en esa entrevista de trabajo que tengo o que entrar en el año nuevo con un anillo de oro dentro de la copa me asegure abundancia económica. (…)»