Toda la moderna teoría macroeconómica le debe algo al flamante Nobel Edmund Phelps, sostiene JEAN PAUL FITOUSSI. ECONOMISTA

El ganador del premio Nobel de Economía del 2006, el estadounidense Edmund Phelps, de 73 años, es un gigante cuyos aportes cambiaron el curso del pensamiento económico. Mark Blaugh, en un estudio basado en el análisis del Indice de Citas en Ciencias Sociales (Social Science Citations Index), lo sitúa entre los 100 economistas más importantes desde Adam Smith.

Cuando empezó la universidad en el Amherst College no tenía una idea precisa sobre en qué disciplina especializarse ni qué carrera seguir. Era un apasionado de la filosofía, pero, instado por su padre, siguió un curso de economía.

Como suele ocurrir, es el encuentro con un gran profesor lo que hace nacer una vocación; en este caso, fue el economista de Harvard James Nelson. Paul Samuelson admitió que había aceptado dictar una serie de conferencias en Amherst con el único objetivo de reclutarlo para el MIT. Pero Phelps optó por un posgrado en Yale y allí entró en estrecho contacto con James Tobin y Thomas Schelling. Ese fue el clima intelectual en el que escribió sus tesis bajo la dirección de James Tobin.

Hoy, los economistas que trabajan en la macroeconomía, sus fundamentos micro, la teoría del crecimiento exógeno o endógeno, la formación de las anticipaciones, los problemas de información y de discriminación, usan a Phelps sin saberlo.

Casi de inmediato, Phelps se ganó fama internacional gracias a sus trabajos sobre la regla de oro de la acumulación del capital (tenía 28 años). Hoy, ese concepto forma parte del bagaje conceptual de todo economista, se enseña en todos los cursos sobre crecimiento y sirve de referencia en todos los trabajos sobre la macroeconomía.

Más tarde, Phelps desarrolló una teoría del crecimiento de largo plazo basada en la educación y la difusión del progreso técnico. Pero eso era tan avanzado que recién sería apreciado un cuarto de siglo más tarde, cuando los teóricos se pusieron a desarrollar las teorías del crecimiento endógeno, especialmente la teoría schumpeteriana del crecimiento.

Phelps se adelantó entre diez y veinte años a su profesión al desarrollar la teoría del salario de eficiencia y la del control de la inflación, consideradas hoy las más modernas del mercado de trabajo y de la gestión monetaria.

Su relación con Amartya Sen, John Rawls y Kenneth Arrow en Stanford, entre las décadas de 1960 y 1970, reanimó su interés filosófico. Mantuvo intercambios intelectuales muy ricos y frecuentes con John Rawls, lo que lo llevó a redactar muchos ensayos sobre la teoría de la justicia económica y a editar un libro sobre el tema en 1974, que sigue siendo referencia obligada.

Phelps está en el origen de la refundación moderna de la macroeconomía y, según Samuelson, también de la microeconomía. Su programa consistió en introducir la imperfección de la información y la del conocimiento en la teoría económica. A causa de él, la teoría económica se reformuló tomando seriamente en cuenta las anticipaciones de los agentes. En una obra célebre que editó, «Fundamentos microeconómicos del empleo y teoría de la inflación» (Microeconomic Foundations of Employment and Inflation Theory), sentó las bases de lo que iba a ser la mayor revolución teórica de los últimos cincuenta años.

A él se le debe la teoría del índice natural de desempleo, piedra angular de la teoría moderna de la macroeconomía y de la política económica, teoría que Milton Friedman iba a redescubrir un año después. También se le debe la parábola de las islas, que permite entender por qué la política monetaria puede tener efectos reales transitorios a causa de la imperfección de la información.